Héroes o villanos: la verdadera historia de los radicales libres y los antioxidantes

Por Juan Raul Alvarez Idaboy, Andrea Rodríguez Moreno y Claudia Bello Alvarez.

Seguro que has escuchado una y otra vez el famoso consejo: “come alimentos ricos en antioxidantes para combatir los radicales libres”. Con el tiempo, esta frase se ha vuelto casi un eslogan, y nuestro cerebro suele hacer una clasificación muy simple: los antioxidantes se convierten automáticamente en héroes que protegen la salud y los radicales libres quedan etiquetados como villanos. Pero la realidad —como casi siempre ocurre en biología— es mucho más compleja. Así como en cada ser humano conviven luces y sombras, en cada antioxidante y en cada radical libre habitan su propio Dr. Jekyll y Mr. Hyde[1].

¿Qué es un antioxidante?

El nombre ya da una pista: un antioxidante es una molécula capaz de retardar o prevenir la oxidación de otras moléculas (Stone et al., 2023). ¿Y qué significa “oxidación”? Aunque solemos pensar en el óxido del metal viejo que ha perdido su brillo, en biología la oxidación es un proceso químico fundamental: ocurre cuando una molécula pierde electrones. Esta pérdida forma parte de muchas reacciones esenciales para la vida, especialmente la producción de energía. Un ejemplo fascinante ocurre en la mitocondria, un organelo[2] que funciona como una auténtica “planta eléctrica” celular. Allí tiene lugar la fosforilación oxidativa, el proceso mediante el cual obtenemos la mayor parte del ATP, la moneda energética universal (Deshpande and Mohiuddin, 2023).

En resumen:

  1. Las mitocondrias reciben electrones que provienen de los nutrientes (glucosa, grasas y proteínas).
  2. Esos electrones avanzan a través de una cadena de proteínas, la cadena de transporte de electrones, como una cadena humana que pasa baldes de agua para apagar un incendio.
  3. Mientras avanzan, se crea un “reservorio” o gradiente de energía.
  4. Finalmente, una enzima llamada ATP sintasa aprovecha ese gradiente para fabricar ATP.

Durante este proceso, el oxígeno va captando electrones y, al hacerlo, puede transformarse en un radical libre: una molécula con electrones desapareados, inestable y sumamente reactiva (Mandal et al., 2022). Es como si en un baile donde todas las personas están emparejadas y tomadas de la mano, de pronto, se incorpora alguien sin pareja. Para “estabilizarse”, separa a una pareja y toma la mano de uno de ellos. Pero ahora la persona que quedó sola se vuelve “inestable” y así continúa la cadena. Del mismo modo funcionan los radicales libres: se estabilizan tomando un electrón de otra molécula, pero al hacerlo dejan inestable a la siguiente. Esta “soltería” se representa con un punto como supraíndice en la fórmula química de los radicales libres.

Radicales libres: ni héroes ni villanos

Los radicales libres son como la sal en la cocina: en la cantidad adecuada pueden realzar los sabores; en exceso, arruinan el platillo. En la célula ocurre lo mismo: en dosis controladas son indispensables, pero cuando se acumulan en exceso causan estragos (Phaniendra et al., 2015).

¿Cuándo son útiles?

Muchos radicales libres actúan como mensajeros biológicos esenciales.Un ejemplo brillante es el óxido nítrico (NO·), un radical libre pequeño y difusible. Cuando las células del revestimiento de los vasos sanguíneos, el endotelio, detectan que los tejidos necesitan más oxígeno o que debe ajustarse la presión arterial, producen NO·. Su gran reactividad lo convierte en un mensajero ideal: se difunde rápidamente a las células musculares lisas de los vasos sanguíneos y las relaja, provocando vasodilatación. Esto permite: aumentar el flujo sanguíneo, mejorar la entrega de oxígeno y regular la presión arterial (Palmer, 1993).

¿Cuándo se descontrolan?

En determinadas condiciones, la generación de radicales libres supera la capacidad antioxidante de la célula, dando lugar a un estado de estrés oxidativo. En estas condiciones pueden dañar prácticamente cualquier componente celular (Rogers, 2020). Por ejemplo:

  • En el ADN, pueden provocar rupturas de cadena y mutaciones, favoreciendo el desarrollo de cáncer.
  • En lípidos y proteínas, pueden alterar estructuras esenciales y acelerar el envejecimiento celular.

Antioxidantes: aliados… pero solo en la medida correcta

Como moléculas que previenen o retrasan la oxidación, los antioxidantes se ganaron la fama de protectores. Y sí, pueden ayudar a reducir riesgos relacionados con el envejecimiento celular y enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson. Pero aquí viene la parte menos conocida, el exceso también puede ser perjudicial(Sarangarajan et al., 2017).

Los efectos negativos del exceso de antioxidantes

Cuando se consumen en cantidades muy elevadas, los antioxidantes pueden: apagar señales celulares necesarias, interferir con rutas metabólicas normales y disminuir la capacidad de la célula para responder adecuadamente al estrés. Por ejemplo, grandes dosis de vitamina C o E pueden suprimir la señalización redox que activa las defensas naturales de la célula, dejándola “subprotegida” en momentos críticos (Li et al., 2022).

Un ejemplo especialmente importante: cáncer

Los radicales libres ayudan a destruir células dañadas o precancerosas como parte de la vigilancia inmunológica. Si ingerimos antioxidantes en exceso, podemos “proteger” células tumorales sin notarlo, favorecer su supervivencia e incluso acelerar su crecimiento. Algunos tumores, como melanoma[3] (Gal et al., 2015) o cáncer de pulmón (Sayin et al., 2014), crecen más rápido cuando reciben demasiados antioxidantes porque se reduce el estrés oxidativo que normalmente limitaría su proliferación.

La lección final: todo es cuestión de equilibrio

El mayor aprendizaje de esta historia es simple pero poderoso: ni los radicales libres son enemigos absolutos ni los antioxidantes, héroes incuestionables. La salud depende del equilibrio entre ambos. Y ese equilibrio se logra evitando extremos:

  • Mala idea: exponerse largas horas al sol sin protección (aumenta radicales libres y envejecimiento prematuro).
  • También mala idea: abusar de suplementos antioxidantes sin supervisión profesional (puede alterar procesos vitales y tener efectos negativos).

Como en toda buena historia, la clave no está en elegir héroes o villanos, sino en entender que ambos cumplen su papel. La verdadera salud radica en permitir que cada uno actúe en la medida justa.


[1] Hace referencia a la novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson.

[2] Estructura especializada dentro de una célula que lleva a cabo una función específica.

[3] Tipo de cáncer de piel que se origina en los melanocitos. Los melanocitos son células que producen el pigmento que da color a la piel


Referencias

Deshpande, O. A., and Mohiuddin, S. S. (2023). Biochemistry, Oxidative Phosphorylation. StatPearls. Available at: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK553192/ [Accessed November 24, 2025].

Gal, K. Le, Ibrahim, M. X., Wiel, C., Sayin, V. I., Akula, M. K., Karlsson, C., et al. (2015). Antioxidants can increase melanoma metastasis in mice. Sci. Transl. Med. 7. doi:10.1126/SCITRANSLMED.AAD3740.

Li, S., Fasipe, B., and Laher, I. (2022). Potential harms of supplementation with high doses of antioxidants in athletes. J. Exerc. Sci. Fit. 20, 269. doi:10.1016/J.JESF.2022.06.001.

Mandal, M., Sarkar, M., Khan, A., Biswas, M., Masi, A., Rakwal, R., et al. (2022). Reactive Oxygen Species (ROS) and Reactive Nitrogen Species (RNS) in plants– maintenance of structural individuality and functional blend. Adv. Redox Res. 5, 100039. doi:10.1016/J.ARRES.2022.100039.

Palmer, R. M. (1993). The L-arginine: nitric oxide pathway. Curr. Opin. Nephrol. Hypertens. 2, 122–128. doi:10.1097/00041552-199301000-00018.

Phaniendra, A., Jestadi, D. B., and Periyasamy, L. (2015). Free Radicals: Properties, Sources, Targets, and Their Implication in Various Diseases. Indian J. Clin. Biochem. 30, 11–26. doi:10.1007/S12291-014-0446-0,.

Rogers, L. K. (2020). Cellular targets of oxidative stress. Curr. Opin. Toxicol. 20–21, 48–54. doi:10.1016/J.COTOX.2020.05.002.

Sarangarajan, R., Meera, S., Rukkumani, R., Sankar, P., and Anuradha, G. (2017). Antioxidants: Friend or foe? Asian Pac. J. Trop. Med. 10, 1111–1116. doi:10.1016/J.APJTM.2017.10.017.

Sayin, V. I., Ibrahim, M. X., Larsson, E., Nilsson, J. A., Lindahl, P., and Bergo, M. O. (2014). Antioxidants accelerate lung cancer progression in mice. Sci. Transl. Med. 6. doi:10.1126/SCITRANSLMED.3007653.

Stone, W. L., Basit, H., and Mohiuddin, S. S. (2023). Biochemistry, Antioxidants. StatPearls. Available at: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK541064/ [Accessed November 24, 2025].

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